Si sufres por tensión o por flacidez en los negocios, como profesional o como emprendedor, este mail te interesa. Y al final tienes tu oportunidad.
Déjame que te resuma lo que he visto durante la vida en los negocios.
Nosotras, las personas de negocio o emprendedoras, tenemos dos caras.
Existen esos momentos en los que queremos conseguir resultados de crecimiento de doble dígito, hacer aquello que nos reta a salirnos de nuestra zona de confort y, sobre todo, creer que hemos sido capaces de pulir nuestra identidad hasta tal punto que pensamos con total certeza que podemos controlar nuestros negocios y ayudar a otros a controlar los suyos (arrogancia pura). Y todo, solo para acumular un número de ceros en el patrimonio que nos quite la enorme inseguridad de los que no podemos ver.
Estos somos nosotros en nuestro lado más tirano. Cuando aparece, te invito a mirarnos con la ternura del que mira a un ser inseguro, porque no somos capaces de habitar nuestra zona de confort. Es decir, habitar el cuerpo y el presente con la seguridad de los que no necesitan hablar, porque saben que el mercado les proveerá mucho más de lo que pueden abarcar.
Luego estamos los que hacemos negocios para salvar el mundo. Con un propósito, porque si no, no somos nadie.
Pensamos que el mundo es un lugar donde solo existen problemas o retos que resolver. Nos creemos sus salvadores y creemos que debemos luchar contra los tiranos para que la justicia social se haga en la faz de la tierra, y que ser buenos está por encima de cualquier otra cosa.
En ese nosotros existe un gran miedo: reconocernos en el poder que ya somos y que solo debemos poner al servicio de la vida. Se nos nota en nuestra ineptitud para apreciarnos y darnos cariño, sin necesidad de salvar nada (culpa en vena por nuestra existencia).
La próxima vez que nos veas, te invito a que nos mires desde la ternura de seres asustados y desconectados de la vida en gran parte de su tiempo. Y a que pienses que lo único que buscamos es la naturalidad de crear vínculos humanos más allá del uso que les podamos dar para nuestro interés o nuestra expansión, y de desarrollar el potencial para ponerlo al servicio de la vida, más allá del miedo a quedarnos obsoletos. Porque nuestro mayor miedo es la soledad y la ruina, nuestro motor ancestral para hacer lo que hacemos.
Y si, tras reconocer esto, quieres jugar y mirar el juego como un jugador que se sabe reconocer en su poder, apreciarse en su debilidad y disfrutar del mercado con alegría, consciente de que vender solo es el primer paso que todos damos, te invito a jugar juntos.
Ese primer paso solo pide una seguridad que supera a nuestro pequeño yo. Nos permite apreciarnos por lo que somos, reconocer nuestro poder para ponerlo al servicio de los demás y saber realmente si les podemos ayudar. Y entonces nos ponemos a su servicio, para dar claridad y que decidan libremente si quieren un acuerdo con nosotras o no.
Y si no quieres, te recuerdo que tienes todo el derecho del mundo a menospreciarnos con tu indiferencia, a odiarnos con tu ira o a sentirte superior a nosotros con tu orgullo. También decirte que esto no tiene ningún efecto en la alegría que sentimos las personas del gremio, ni en el agradecimiento profundo a todos los ancestros que nos precedieron.
Y si quieres jugar, esta es la oportunidad que te anunciaba al principio: